Probando el cielo anticipadamente

Yo nunca he creído en el amor, pero mentiría si dijera que nunca me he enamorado; Ojo ahí, porque todas esas veces que me enamoré no me daba cuenta hasta que lo echaba a perder. No me daba cuenta porque buscaba que me llegara un amor como el que sale en las películas, un amor eterno, único e imposible de perder; pero como dije, esos amores solo son de películas.

 

Les cuento: Uno de esos amores empezó como una amistad, de esas que no se rompen con nada, o bueno, eso era lo que yo creía. Tan ingenua.

 

La conocí en el Instituto, era la chica fresa de la clase con el típico novio deportista; nada de mi agrado, pero llegó un huracán y estuve de auxiliar en un centro de animales afectados y por arte del destino o por lo que fuera, ella también estaba ahí. No sé cómo, ni por qué nos volvimos inseparables.

 

Rompió con su novio y tuvo uno nuevo, terminó con este nuevo y comenzó con otro, pero nosotras seguíamos inquebrantables.

 

Pasaron 2 años y era cada vez más fuerte la amistad, no existía persona que no relacionara a la una con la otra, nuestros amigos más cercanos jugaban a decir que éramos novias, ella les seguía el juego y yo le seguía el juego a ella; pero el juego me empezó a llamar la atención; Con esto ella conseguía más miradas de hombres y la llenaba de un no sé qué que me asustaba. Tenía a su novio y escondidos por ahí a otros dos amores, y a mí, su amiga.

Tiempo después el labrador de mi hermana entró en celo, me encargó que la llevara a cruzar con el perro de una de sus amigas; para no hacer el cuento largo, nos cruzamos más nosotras que los tristes perros.

 

Ella me mostró el mundo que yo estaba tan deseosa de experimentar, y pues, lo experimenté muy bien. (Disculpen la indiscreción; o mejor no). Solo sé que con ella probé anticipadamente el cielo, o algo parecido a eso.

 

A las pocas semanas le conté a mi amiga, con el miedo a flor de piel de lo que pudiera o no pensar, pero sorpresa, ella juró sentir lo mismo por mí. Al tiempo lo mío con mi nuevo amor se fue acabando celo a celo, hasta que sólo quedó un deseo prometedor de renacer.

 

Después de perder la cuenta de cuantas copas llevábamos, mi amiga me propuso que intentáramos algo, ahí estaba su novio, que menos sorprendido que yo lo aprobó, nada raro de un hombre, ¿no?; Accedí. Pero me tuve que adaptar a ella, a amarla sabiendo que horas después le daría parte de su amor a un novio. Díganme,  ¿Realmente alguien puede vivir así?

 

Me hubiera gustado contarles una historia de amor como de película, pero estas son las reales, las que valen la pena vivir y contar. 

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