La fecha es lo de menos

por B. Stark

@bolitadEstambre

Para ser honestos yo era de las que se escondían en lo más profundo de su casa y se ponía a ver películas de zombies, vampiros o alguna cosa sanguinolenta el 14 de febrero; comía helado sin pena y esquivaba todo lo relacionado a cartas, globos, rolas melosas y otras demostraciones de afecto, optaba por las salidas con mis amigas en mi misma situación de soltería; pero este año será algo diferente… Muy diferente (Eso no omitirá la fiesta, claro está).

 

 

Básicamente Cupido me ha flechado, ¡Se tardó lo que quiso el infeliz!, no sé si necesitaba lentes, venía de rodillas o qué, pero heme aquí real y totalmente embobada/fascinada/enamorada en una relación que ya va para un año siendo un éxito rotundo y no uno de los fiascos que ya me había acostumbrado a protagonizar.

 

 

Estoy feliz y se nota, aunque sigo sin dibujar corazones y no suspiro cada tres minutos… Lo que importa es que yo sé que hay una persona en otro sitio que dentro de su rutina: Trabajo absorbente, jefe diabólico, prisas y estrés; de todos modos piensa en  mí y sonríe. Y sonrío también porque puedo llamarle a las 2 de la mañana si no tengo sueño, porque pasa por mí para tomar café sin razón, porque me manda mensajitos cursis, porque aprecia lo que soy, con todo lo que implica.

 

 

Al principio moría de miedo, ¡De verdad!, pero –En esta parte entran los amigos- Mis amigos me ayudaron a ver más allá de todo lo malo del pasado y a creer en mí misma, en mi propio brillo; no me cansaré de decirles lo importantes que son para mí, ¿Qué sería de la vida sin ustedes?

 

Los amigos son los que pasan sus tardes escuchando por mil cuatrocientas veinticinco veces el relato de tus aventuras o desventuras con él o ella, indignándose, regañándote, alegrándose por ti cuando todo marcha bien, pero sobre todo, apoyándote para que no vayas a darte solito contra el pavimento en un traspié y te rompas toda la cara.

 

La fecha es lo de menos, y no importa si les regalamos chocolates o flores o llenamos su casa con osos de peluche; lo que realmente hace que todas esas personas que tienen su sitio ganado en tu corazón sepan que son importantes, que estas agradecido de formar parte de su vida, que los admiras, que cuentan contigo, es estar ahí. De verdad.

 

 

Que estemos si se les rompe una pierna o si amanecen de malas y nadie los aguanta, si ya no hay café y está nublado o hace mucho frío o mucho calor; que los vayamos a acompañar a escoger ropa aunque se tarden dos siglos, que puedan llorar con nosotros porque a veces hace falta y le ayuda al alma a no ir tan pesada; hay que decirles que los días serían aburridos sin sus chistes y que las tardes no tendrían nada interesante sin sus pláticas. Hay que aprovechar la ocasión y decirlo, escribirlo, cantarlo o gritarlo; hoy, mañana y cada vez que tengamos ganas.

 

 

Yo, como ya dije, haré algo diferente, así que si me disculpan, voy a preparar la sorpresa para el propietario de esta cabeza loca y este corazón rebeldón…

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